1/29/2014

¿VIOLENCIA DE GÉNERO O SOCIAL?

LA VIOLENCIA DE GÉNERO Y SOCIAL.-

Los  romanos llamaban vis, viles a la fuerza o vigor que permite a una persona imponer su voluntad a otro, ya sea físicamente, psíquica-mente, o de cualquier otro modo. Justiniano, en su código especificó casos concretos de como los de Causa mayor, como imposición  necesaria en momentos determinados. A esa fuerza que hace que los más poderosos se nos impongan, la llamaron VIOLENCIA.  Otro aspecto de la violencia especificada en el derecho romano, es que no se trata de algo consumado y confirmado; la violencia puede manifestarse también como una amenaza sostenida y duradera, causante de daños psicológicos quienes la padecen y con repercusiones negativas en la sociedad. Por lo que permitir lo que el jefe te pida por el miedo a ser  despedido, a perder la casa, a no tener con que dar de comer a tus hijos. Eso es violencia.

Es un hecho que la mujer, físicamente es menos fuerte. Pesa un 7% menos que el hombre, y un tercio de su peso es músculo, frente a la mitad del peso en músculo de un hombre adulto. Es una realidad, que a tortas, ganan los hombres y en lo más básico de la vida cotidiana, cuando a muchos hombres que no le valen las razones, imponen su voluntad a golpes.

Mi jefe, me obliga a someterme. Mi jefe, me guste o no, es alguien. El jefe de mi jefe es alguien, el presidente, el rico, el poderoso que me oprime, lo hacen porque pueden y me tengo que someter. Soy hijo y nieto de oprimidos, pero mi padre y mi abuelo eran hombres de verdad, llegaban a sus casas y sus mujeres le obedecían Si no soy capaz de hacer lo que hizo mi padre, sometiendo a mi madre, y mi abuelo, sometiendo a mi abuela. ¡Que mierda de persona soy¡ Por eso, mato a mi mujer, que me ha abandonado, le quito lo que más le duele, que son sus hijos. No me importa morir después, porque al menos, moriré como un hombre.

Ante este tipo de actitudes,  el estado solo se justifica dando palos de ciego: Poner una pulsera, que el violador se quitará. Ordenar el alejamiento que el violento no respetará. Tener una sociedad militarizada que permite microchips, cámaras y demás pérdidas de derechos de todos los ciudadanos, por el bien común, no evita la violencia de género pero se estará permitiendo, bajo supuesta defensa de la mujer, que se coloquen microchips a personas, que se pongan cámaras en lo más íntimo de los hogares, que veamos como algo habitual, que se nos espíe y se nos grave en la intimidad de nuestra vida cotidiana.

Por otra parte, se habla mucho de la violencia sobre las mujeres, porque hasta cierto punto, las mujeres, como ser adulto, hablamos las cosas, luchamos por nuestros derechos, pero no es esta la única violencia escondida tras las paredes del hogar. No se habla de estadísticas de niños maltratados, ni de números de niños muertos por malos tratos, de los que son culpables hombres y mujeres, y también de los ancianos, que se están convirtiendo en el foco de la ira del que, siendo explotado y sometido, se desahoga con insultos o con golpes.

Desde la postura anarquista, siempre tendremos que ponernos del lado del más débil para ejercitar la máxima “cada uno según su necesidad, cada cual según su capacidad” contraria a la supuesta igualdad comunista. Por ello, es nuestra obligación moral luchar contra todo tipo de violencia, contra la violencia específica contra el niño, el anciano o la mujer, del mismo modo que contra la violencia que ejerce el patrón sobre el trabajador y las trabajadoras. Nuestra lucha es contra LA VIOLENCIA SOCIAL porque sin acabar con la violencia de la sociedad en su conjunto, que nos arrastra a imponernos sobre los demás, no acabaremos con la violencia de género.

Por otro lado, los anarquistas, en contra de los comunistas que consideran que desde el mismo estado se puede luchar,  también nos regimos por la máxima: El fin no justifica los medios. Si castigamos a todos los hombres como culpables antes de estudiarse cada caso, fracasaremos en nuestros proyectos de libertad y de igualdad. Si pretendemos que el hombre comparta el 50% de la crianza, no podemos seguir ejercitando la máxima que los niños se quedan a vivir con las mujeres siempre, ni que el hombre es culpable a menos que demuestre su inocencia.

Pero lo peor es que a veces, sorprendemos a los libertarios defendiendo la implantación de medidas, por parte del Estado, que se nos meten en lo más íntimo de la vida familiar, medidas discriminatorias, a mi parecer, por el contagio de nuestro continuo contacto con los "Alternativos" que repiten consignas proestatistas sin parar.  No nos engañemos, el Estado solo puede empeorar las cosas, y el que se meta hasta en nuestras cocinas, es la cosa más horrorosa que se nos podría imaginar.  Un control total sobre la sociedad en la que vivimos similar a la novela 1.984 de Orwels.

Por esto, las mujeres anarquistas no podemos pretender que el Estado entre en nuestro hogar a regular, con leyes, con cámaras, con microchips ….Que trate a todos los hombres como culpables,  eliminando cualquier presunción de inocencia y cuando el barrio, la familia y todos sabemos quien es cada uno, actuar sin dilaciones.

Las mujeres anarquistas nos tenemos que percatar que es este Estado el que impone una sociedad desigualitaria no nos va a salvar de nuestros maridos, compañeros, padres ni hermanos. Que somos más iguales al padre que nos engendró y que nos cuidó, al hermano con el que nos criamos y al compañero de vida, que al la rica Duquesa, a la Reina o la Terrateniente, porque esto no es una lucha contra el hombre, es una lucha contra la violencia y la sociedad injusta que la mantiene y donde el Estado no puede hacer más que empeorar las cosas, porque solo es la herramienta de los poderosos para mantener este sistema de opresión.


Pero del mismo modo que la revolución proletaria la tiene que realizar el propio proletariado, o no será, no nos valen los paternalismos machistas y la revolución femenina será impulsada por mujeres, ( con simpatía o no de los hombres libertarios), o no será.






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